historia tema 4

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4.1. LA RESTAURACIÓN: EL SISTEMA CANOVISTA La Restauración fue un sistema político ideado por Antonio Cánovas del Castillo, cuyo principal objetivo era acabar con la inestabilidad política y garantizar el orden y la continuidad de la monarquía. Para ello, se restauró la dinastía borbónica con Alfonso XII como rey y se estableció un sistema basado en la alternancia pacífica de partidos. La base legal del sistema fue la Constitución de 1876, que se caracterizaba por ser flexible y duradera. En ella se establecía una monarquía constitucional con soberanía compartida entre el rey y las Cortes. La Constitución recogía una amplia declaración de derechos individuales, aunque estos derechos quedaban supeditados a leyes posteriores, lo que permitía limitar su aplicación real. En un principio se estableció el sufragio censitario, es decir, solo podían votar los ciudadanos con cierto nivel de renta, aunque en 1890 se implantó el sufragio universal masculino. El funcionamiento del sistema se apoyaba en el bipartidismo y el turnismo. Los dos partidos dinásticos eran el Partido Conservador, liderado por Cánovas, y el Partido Liberal, dirigido por Sagasta. Ambos partidos se comprometían a respetar la monarquía y la Constitución, y se turnaban en el poder de manera pactada. Cuando uno de ellos se desgastaba, el rey llamaba al otro para formar gobierno y después se convocaban elecciones. Este turno de partidos no era fruto de elecciones libres, sino que se aseguraba mediante el fraude electoral y el caciquismo. Los caciques eran personajes influyentes a nivel local que manipulaban el voto para garantizar el resultado deseado por el gobierno. Gracias a este sistema, el Partido Conservador gobernó entre 1875 y 1881. Posteriormente, Sagasta formó el primer gobierno liberal y, más tarde, Cánovas volvió al poder en 1884. Tras la muerte de Alfonso XII en 1885, se temió que el sistema político pudiera desestabilizarse. Para evitarlo, se firmó el Pacto del Pardo, por el cual conservadores y liberales acordaron mantener el turno pacífico de partidos. Durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena (1885-1902), el Partido Liberal gobernó durante más tiempo y llevó a cabo importantes reformas, como la Ley de Asociaciones (1887), la abolición de la esclavitud (1888), la implantación del jurado, el nuevo Código Civil (1889) y el sufragio universal masculino (1890). En la última década del siglo XIX se mantuvo el turnismo, pero el sistema empezó a mostrar signos de agotamiento. En 1897 Cánovas fue asesinado y el excesivo personalismo de los líderes provocó divisiones internas y la progresiva descomposición de los partidos dinásticos. 4.2. LA CUESTIÓN COLONIAL Y LA CRISIS DE 1898. OPOSICIÓN AL SISTEMA Uno de los principales problemas de la Restauración fue la cuestión colonial, especialmente en Cuba. Tras la Paz de Zanjón en 1878, que puso fin a la Guerra de los Diez Años, España se comprometió a introducir reformas en la isla, pero muchas de ellas no se cumplieron. Esto provocó nuevos conflictos, como la Guerra Chiquita (1879) y, finalmente, el Grito de Baire en 1895, que dio inicio a la Guerra de Independencia cubana. La situación se agravó con la intervención de Estados Unidos, que tenía importantes intereses económicos en Cuba. En 1898 estalló la guerra hispano-estadounidense, en la que España fue rápidamente derrotada. La guerra terminó con la Paz de París, por la cual España perdió sus últimas colonias: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Este hecho supuso un duro golpe para el prestigio internacional del país. La derrota de 1898 provocó una grave crisis política y moral en España. Se puso de manifiesto el atraso del país y la necesidad de llevar a cabo reformas profundas para modernizar la vida política, social y cultural. En este contexto surgieron movimientos como el Regeneracionismo, que defendía la necesidad de “regenerar” España, y la Institución Libre de Enseñanza, que promovía una educación moderna y laica. Frente al sistema de la Restauración existió una oposición constante. El carlismo, aunque fue derrotado definitivamente en 1876, mantuvo cierta presencia política. Los republicanos estaban divididos y carecían de fuerza suficiente para gobernar. También surgieron los nacionalismos periféricos, especialmente en Cataluña y el País Vasco, que reclamaban mayor autonomía. Por último, el movimiento obrero, dividido entre anarquistas y socialistas, fue perseguido en muchas ocasiones y no logró una representación parlamentaria significativa.